jueves, 28 de abril de 2011

...Alegría por la muerte del malo...


Uno menos

35 años, incontables muertos, ataques y operativos en su contra tuvieron que pasar para que Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño o “Mono Jojoy” cayera a manos del ejército en La Escalera, Sierra de la Macarena, el 22 de septiembre de 2010.

Tras el hecho la población colombiana, en una catarsis casi general calificó de fructuoso, provechoso e indispensable la muerte del Mono Jojoy. ¡Se acerca el fin de la guerra! Proclamaría entonces la mente del colombiano común ya que en los medios, la hinchada cara del guerrillero, exhibida en una bandeja mortuoria desde un camión de la fiscalía, anunciaba que los cabecillas de las FARC estaban al alcance del arsenal del ejército.

¿Una aseveración verdadera?

No sé hasta qué punto la muerte del jefe militar de las FARC sea “supremamente beneficiosa” para los intereses de paz del Gobierno. ¿Que si es importante? Claro, es uno de los golpes más duros que se le puede dar a una organización armada, pero evidentemente bajo los preceptos de que la guerra se acaba con guerra no se puede concluir algo como que está próxima la paz.

El grupo terrorista está debilitado y eso puede ser cierto – según las fuentes oficiales – y a decir verdad, con un poco de sentido común, puede darse así. Lo indiscutible es que aún existe, aún tiene fuerza y aún mata y secuestra.

La noción de paz cercana, pienso, se debe a los gestos de liberación que ha tenido el grupo terrorista y a los golpes que en los últimos años se han dado a ella, pero ese imaginario colectivo no puede regir la suposición de realidad de las masas, porque esto conviene sencillamente un conformismo simple ante el gobierno y puede utilizarse inclusive como una cortina para ocultar defectos graves y faltas del Gobierno, algo así como el caso de los falsos positivos.

Y murió uno de los malos…

Lo que es bueno o malo no lo puede decidir nadie fácilmente, en todo caso, para el común de la población, murió un ser que tenía que morir. Y cómo no pensar eso con todo lo que hizo, es entendible.

Ahora están más cerca los objetivos militares del Gobierno (los cabecillas de las FARC), dice presurosamente la voz oficialista a costa de seres humanos que caen por sus propias convicciones. No defiendo a las FARC pero tampoco al Gobierno, me baso en que la voz del pueblo es la voz de Dios. Claro, en este país suponemos que Santos es la voz del pueblo, de Dios.

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